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martes, 18 mayo,2021
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    Inicio DEPORTES Análisis táctico: Pol Fernández, el termómetro que marca el juego de Boca

    Análisis táctico: Pol Fernández, el termómetro que marca el juego de Boca

    El desembarco de Juan Román Riquelme en la política de Boca inauguró una nueva era en la conducción del equipo dentro del terreno de juego. En el inicio de su ciclo como vicepresidente segundo y líder del Consejo de Fútbol de la institución, el ex enganche inspeccionó el mercado de pases en busca de un futbolista que, con un coctel de talento e inteligencia, fuera capaz de apaciguar las necesidades del elenco en la elaboración del juego. El proceso fue efímero: Guillermo Fernández se convirtió en el primer refuerzo en la etapa de Miguel Ángel Russo y, desde entonces, carga con las principales responsabilidades en la construcción de las acciones ofensivas.

    El volante no gozaba de la continuidad que anhelaba en Cruz Azul de México y, tras recibir el llamado del Diez (fueron compañeros en el Xeneize), regresó al club que lo vio en nacer con la intención de recuperar la confianza que había perdido en la Liga MX. La apuesta brindó frutos desde los primeros compases del nuevo capítulo en la relación entre el jugador y el conjunto de La Ribera. Rebosando autoridad en el campo, y exhibiendo la experiencia que adquirió luego de haberse marchado del club como un juvenil, Pol se convirtió en el termómetro que marca la temperatura del juego de Boca.

    A diferencia de lo que ocurría en el semestre pasado, Guillermo Fernández adquirió mayores responsabilidades en defensa y se convirtió en el ladero de Jorman Campuzano.

    Luego de haber sido una de las piezas claves en la Superliga obtenida por la institución con antelación al parate, el mediocampista expuso matices en su juego durante los tres encuentros que disputó el equipo tras la postergación ocasionada por la pandemia del coronavirus. A diferencia de lo ocurrido en el semestre anterior, donde permanecía a instancias de la zona de definición, demostró mayor compromiso defensivo y se transformó en un compañero leal para Jorman Campuzano en el centro de la cancha.

    En los dos partidos ante Libertad y en el duelo frente a Independiente Medellín, el volante se posicionó a uno de los costados del colombiano, quien se benefició de la modificación táctica y, como consecuencia de la colaboración que recibió, no debió realizar constantes coberturas en los dos extremos del campo. La variante por la cual apostó Russo otorgó resultados positivos en materia defensiva: Boca careció de ocasiones de peligro en su contra en los tres enfrentamientos, el funcionamiento del mediocampo redujo el trabajo de los defensores y Esteban Andrada solo tuvo que intervenir en esporádicas oportunidades.

    Por momentos, Pol se ubica en una posición retrasada en la mitad de la cancha y obliga al retroceso de Carlos Tevez para colaborar en la elaboración del juego.

    Sin embargo, la postura elegida por Boca en el reinicio de la Libertadores redujo su capacidad ofensiva. El ex Atlético Rafaela, Rosario Central, Godoy Cruz y Racing suele superponer su posición con la de Campuzano cuando el equipo goza de la posesión del balón y se encuentra en la faceta inicial de la construcción del juego. En las ocasiones en las que Fernández permanece retrasado en los primeros metros del terreno, el elenco sufre incertidumbres: en caso de no lograr superar las primeras líneas de presión contraria, Carlos Tevez debe abandonar el área y aproximarse a la medular para ofrecerse como opción de descarga y facilitar el traslado de la pelota.

    Cabe destacar que Boca comenzó a sentir la ausencia de Sebastián Villa, quien fue marginado hasta que se resuelva la causa judicial que enfrenta por haber sido acusado de violencia de género por su ex pareja, Daniela Cortés. Sin el colombiano, quien fue separado por resolución de los directivos, el equipo carece de peso y desequilibrio en el carril izquierdo, donde Gonzalo Maroni (se lesionó) y Agustín Obando aún no consiguieron afianzarse y abren la interrogante sobre una posible nueva variante táctica.

    En el primer tiempo del empate 0-0 entre Boca y Libertad, el volante atacó la espalda de Blas Cáceres (foto) y propició que el Xeneize hallara espacios para profundizar en ataque. (Captura ESPN 2).

    El plan de juego conservador que llevó a cabo Boca en la agónica victoria 1-0 frente al DIM en Colombia disminuyó la injerencia de Fernández en la edificación de los ataques. En el marco de un equipo que priorizó preservar el orden defensivo e intentó no realizar un excesivo desgaste físico en ofensiva, el futbolista se mantuvo a instancias de Campuzano y solo en escasas ocasiones buscó filtrarse a las espaldas de los centrocampistas rivales. En consecuencia, el equipo que fue comandado por Leandro Somoza (Russo no viajó) padeció la falta de fluidez en el juego y, sin Pol como eje en la construcción, sufrió inconvenientes para generar peligro.

    El ex Racing, que se encuentra cedido en el conjunto de La Ribera por Cruz Azul, se convierte en una pieza clave en la presión post-pérdida y colabora para que el equipo se mantenga unido.

    En el último empate 0-0 ante Libertad en La Bombonera, donde Boca se aseguró la clasificación a los octavos de final del certamen continental con una fecha de anticipación, el oriundo de Granadero Baigorria exhibió un rol que se asemejó al que cumplió entre enero y marzo pasado. En la primera etapa, explotó los espacios por detrás del mediocampista Blas Cáceres, quien abandonaba su posición en el círculo central para asediar a Campuzano, y logró asociarse con Tevez y Eduardo Salvio, quien se centralizaba con frecuencia. En este pasaje, el Xeneize generó diversas ocasiones para inaugurar el marcador, pero no pudo superar la resistencia del arquero Martín Silva.

    El trabajo que realiza el santafesino, cuando Boca predomina en campo contrario y se fortalece mediante la posesión, contiene una función que adopta un valor determinante en la recuperación del balón: se erige como uno de los principales baluartes de la presión que se lleva a cabo luego de perder la tenencia y colabora en la misión de mantener unido al equipo. Por ejemplo, en la victoria 2-0 frente al Gumarelo en La Nueva Olla de Asunción, forzó un error con su marcaje en el círculo central y la acción derivó en el primero de los dos goles de Salvio.

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    El volante no gozaba de la continuidad que anhelaba en Cruz Azul de México y, tras recibir el llamado del Diez (fueron compañeros en el Xeneize), regresó al club que lo vio en nacer con la intención de recuperar la confianza que había perdido en la Liga MX. La apuesta brindó frutos desde los primeros compases del nuevo capítulo en la relación entre el jugador y el conjunto de La Ribera. Rebosando autoridad en el campo, y exhibiendo la experiencia que adquirió luego de haberse marchado del club como un juvenil, Pol se convirtió en el termómetro que marca la temperatura del juego de Boca.

    A diferencia de lo que ocurría en el semestre pasado, Guillermo Fernández adquirió mayores responsabilidades en defensa y se convirtió en el ladero de Jorman Campuzano.

    Luego de haber sido una de las piezas claves en la Superliga obtenida por la institución con antelación al parate, el mediocampista expuso matices en su juego durante los tres encuentros que disputó el equipo tras la postergación ocasionada por la pandemia del coronavirus. A diferencia de lo ocurrido en el semestre anterior, donde permanecía a instancias de la zona de definición, demostró mayor compromiso defensivo y se transformó en un compañero leal para Jorman Campuzano en el centro de la cancha.

    En los dos partidos ante Libertad y en el duelo frente a Independiente Medellín, el volante se posicionó a uno de los costados del colombiano, quien se benefició de la modificación táctica y, como consecuencia de la colaboración que recibió, no debió realizar constantes coberturas en los dos extremos del campo. La variante por la cual apostó Russo otorgó resultados positivos en materia defensiva: Boca careció de ocasiones de peligro en su contra en los tres enfrentamientos, el funcionamiento del mediocampo redujo el trabajo de los defensores y Esteban Andrada solo tuvo que intervenir en esporádicas oportunidades.

    Por momentos, Pol se ubica en una posición retrasada en la mitad de la cancha y obliga al retroceso de Carlos Tevez para colaborar en la elaboración del juego.

    Sin embargo, la postura elegida por Boca en el reinicio de la Libertadores redujo su capacidad ofensiva. El ex Atlético Rafaela, Rosario Central, Godoy Cruz y Racing suele superponer su posición con la de Campuzano cuando el equipo goza de la posesión del balón y se encuentra en la faceta inicial de la construcción del juego. En las ocasiones en las que Fernández permanece retrasado en los primeros metros del terreno, el elenco sufre incertidumbres: en caso de no lograr superar las primeras líneas de presión contraria, Carlos Tevez debe abandonar el área y aproximarse a la medular para ofrecerse como opción de descarga y facilitar el traslado de la pelota.

    Cabe destacar que Boca comenzó a sentir la ausencia de Sebastián Villa, quien fue marginado hasta que se resuelva la causa judicial que enfrenta por haber sido acusado de violencia de género por su ex pareja, Daniela Cortés. Sin el colombiano, quien fue separado por resolución de los directivos, el equipo carece de peso y desequilibrio en el carril izquierdo, donde Gonzalo Maroni (se lesionó) y Agustín Obando aún no consiguieron afianzarse y abren la interrogante sobre una posible nueva variante táctica.

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