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    Inicio SOCIEDAD Hacerle el amor a la naturaleza: ¿Cómo es ser un ecosexual?

    Hacerle el amor a la naturaleza: ¿Cómo es ser un ecosexual?

    Los ecosexuales hacen el amor con la naturaleza. Para ellos, la Tierra no es su madre, es su amante. De hecho, hasta celebran bodas con ella. Se casan con cualquier objeto natural, desde piedras, a montañas pasando por mares. Los ecosexuales sostienen que su fe ayudará a propagar el ambientalismo

    Los ecosexuales sostienen que su fe ayudará a propagar el ambientalismo.

    La ecosexualidad busca obtener placer a través de sentir la tierra, los árboles o las flores, y de esta manera poder ayudar a salvar al planeta. Cabe aclarar que la ecosexualidad no es filia ni fetichismo, y que tampoco es lo mismo que ser vegasexual o sexetariano (que consiste en optar por no mantener relaciones sexuales con gente que coma animales). Es decir, la ecosexualidad significa hacerle el amor al planeta, no solo de manera genital sino gozando de los estímulos de la naturaleza con todos los sentidos.  

    Nos referimos a ecosexuales como a aquellas personas que tratan a la naturaleza como a un amante. Como a un ser que te acoge y alimenta, pero también te proporciona amor. Por eso hay que cuidarlo y rendirle pleitesía. Al ser ecosexual se dejan a un lado los supuestos beneficios que daría tener una pareja sexoafectiva. Ya no hay otro para que te salve ni te complete, ni te cuide. Incluso se puede tener hijos, ya que la ciencia ha conseguido crear seudoembriones sin óvulos ni espermatozoides, sin contar las tradicionales inseminaciones artificiales, fertilizaciones in vitro y vientres subrogados. 

    La ecosexualidad busca obtener placer a través de sentir la tierra, los árboles o las flores, y de esta manera poder ayudar a salvar al planeta.

    La iniciativa proviene de dos artistas estadounidenses que introdujeron la ecosexualidad en el año 2008, pero hasta 2011 no había creado el movimiento como tal. Se trata de Beth Stephens y Annie Sprinkle. Desde entonces, ambas definieron sus bases con un manifiesto, la pareja se casó con la tierra iniciando una ruta de promoción. Brindaron conferencias y hasta rodaron un documental al respecto, donde hablaban sobre “un encuentro entre el arte, la teoría, la práctica y el activismo“. Se describen como “acuófilos, terrófilos, pirófilos y aerófilos”. Entre otras cosas, explican que “abrazamos los árboles sin pudor, masajeamos la tierra con los pies y hablamos eróticamente a las plantas. Nadamos desnudos, somos adoradores del sol y observadores de las estrellas“. 

    Ser un ecosexual también puede ser terminante al momento de tomar decisiones en la vida sexual o amorosa. Es decir que al elegir pareja o tener relaciones esporádicas, tienden a fijarse en si la otra persona es respetuosa con el medio ambiente o si las condiciones del encuentro no dañan su entorno. Otra cuestión es el hecho de dejar de utilizar métodos anticonceptivos, como los preservativos, cuyo consumo asciende a los 750.000 al año. También, del gasto innecesario de energía que se utiliza en los momentos de intimidad, por ejemplo.  

    Una de las grandes diferencias que se destacan entre la ecosexualidad y el sexo entre seres humanos, es que la naturaleza no tiene ego. Para un ecosexual exclusivo no hay distinción de género sino de especie. Incluso de reino, vegetal o mineral. Es lo opuesto a un pansexual, que experimenta atracción sexual hacia otras personas independientemente de su identidad de género. La ecosexualidad es estar en el cuerpo conectado solo con los sentidos. 

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