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Inicio SOCIEDAD La educación post-coronavirus ¿Cambiará algo?

La educación post-coronavirus ¿Cambiará algo?

Por Laura Lewin

Somos muchos los que venimos pregonando que este sistema educativo estaba obsoleto. El Coronavirus nos obligó a pegar un volantazo. Si bien al principio fue mucho improvisar, de a poco el barco se fue enderezando, y hemos podido estandarizar algunas prácticas didáctico- pedagógicas. El gran desafío será ahora ver qué funcionó y qué no y cómo podemos aprovechar esta oportunidad de dar un salto cualitativo a una mejor educación, y darles respuesta a los muchos desafíos que todavía nos interpelan.  

Pensemos qué fue sucediendo con la educación en estos últimos meses…

Desigualdad:

La parte más oscura de esta pandemia, fue sin duda alguna, la gran desigualdad que existe a lo largo y ancho de nuestro país. Por un lado, alumnos con conectividad y computadoras, en donde la continuidad pedagógica se intentó garantizar a través de las clases virtuales. Por el otro, miles de alumnos que, sin conectividad o dispositivos móviles, vieron frustrada su posibilidad de seguir aprendiendo, o al menos mermada.
La desigualdad no se vio solamente en los alumnos. Se vio reflejada también en los docentes. Muchísimos docentes con verdadera vocación, que pasaron de enseñar a aprender, salieron a dar respuesta de manera contundente a esta situación inédita, con coraje y empatía. Otros que frente a la excusa de “esto es mucho para mí”, o que se negaron a dar clase por video conferencia porque “no querían exponerse”, nunca entendieron que hoy, poder permitirle a un alumno aprender a través de una pantalla es un lujo que no podemos desaprovechar. Y yo me preguntaría, ¿qué significará enseñar y educar para estos docentes que no pudieron o no supieron estar a la altura de las necesidades? Somos docentes, y debemos educar, independientemente de las circunstancias, ajustándonos, aprendiendo, desaprendiendo y reaprendiendo.
Desafío: La avenida de la educación es muy angosta. Solo entran algunos alumnos- no todos. Necesitamos ensanchar esta avenida para que muchos más alumnos entren al sistema y no queden afuera. Cada alumno merece recibir la mejor educación posible hoy y esto no puede depender de la suerte- si a mi hijo le toca tal o cual colegio, o si le toca tal o cual docente.  La educación es un derecho que debe ser cuidado, protegido y valorado. Pero es un derecho, no un privilegio.  No podemos tener escuelas para unos y escuelas para otros. La educación debe estar ligada al futuro mundo laboral de los estudiantes, y en ese sentido, el estado debe garantizar conectividad y recursos tecnológicos para todos los alumnos del país.
Los centros de formación docente deberán, por otro lado, refinar sus prácticas para que solo aquel que tenga la idoneidad, entusiasmo y compromiso, pueda estar al frente de un aula, para que sus egresados- futuros docentes, puedan lograr la tan mentada transformación educativa.  Es necesario comprender que la calidad del sistema educativo no puede ir más allá de la calidad de sus docentes. Pero estos docentes deben tener ciertas condiciones para poder crecer y aportar de manera positiva al Sistema educativo. Debemos darles respuestas a muchas cuestiones que escapan a lo pedagógico-didáctico, pero que son básicas para poder avanzar en el tema: desde sueldos dignos y condiciones de empleo hasta infraestructura, edificios aptos para impartir educación, y más y mejores recursos, todas cuestiones esenciales sin las cuales hablar de una mejora educativa suena casi como una fantasía .

Las prácticas didáctico-pedagógicas

La revolución de la pandemia nos obligó a replantearnos la manera de enseñar y de aprender. Muchos docentes tuvieron que despojarse de prejuicios y de ideas preconcebidas para darle forma a un nuevo modelo de enseñanza y aprendizaje. De una modalidad 100% presencial pasamos de golpe a una modalidad 100% virtual en donde aprendimos que una clase virtual no es una clase presencial a través de una pantalla- que tiene otra lógica, otros tiempos, otras necesidades. Y nos encontramos con la necesidad imperiosa de que los chicos socializaran, se vieran la cara, que interactuaran entre ellos, debatiendo, compartiendo ideas, trabajando en grupos. Hemos visto como, con la disminución de la carga horaria car a acara, hemos tenido que recortar contenido, y enfocarnos en lo más importante, y por sobre todas las cosas, en habilidades. Hemos visto alumnos “despertarse” en esta nueva modalidad y poner en juego toda su creatividad para entregar trabajos, el poder adaptarse con lo que tenía, expresar solidaridad, ayudando a sus compañeros, y tantas otras habilidades que parecían estar siempre por detrás del currículo en las clases tradicionales.
Tuvimos que encontrar la manera, además, de establecer un diálogo fluido con sus alumnos, con instancias para la retroalimentación y la metacognición, en donde el foco no debe estar puesto en enviarles a los alumnos tareas para mantenerlos ocupados, sino generando condiciones para que los chicos puedan pensar, analizar, reflexionar, debatir, aplicar, crear e integrar todo lo aprendido. Como una torre, al aprendizaje hay que construirlo y esto no se hace, de una manera unidireccional, enviando consignas. Hemos tenido que tener, también, una mirada integradora, fusionando áreas y dándole la bienvenida al trabajo interdisciplinario.

Desafío: No se puede pasar de la noche a la mañana si atravesar el amanecer. La vuelta a las aulas debe encontrarnos con un modelo de enseñanza-aprendizaje combinado, en donde podamos pasar de lo presencial a lo virtual de manera fluida. El foco debe estar puesto en que más que memorizar respuestas, los alumnos puedan resolver situaciones, desarrollando de esta manera un pensamiento crítico, creativo y más profundo. La escuela debe enseñar a pensar (no qué pensar: eso es adoctrinamiento), pero sí a pensar.  Y a pensar se aprende.
Muchos docentes argumentan que nada motiva a sus alumnos. ¿Será que nada los motiva, o que no se motivan para hacer lo que el docente quiere que hagan, cuando él quiere que lo hagan y de la manera en que él quiere que lo hagan? Hoy el sistema te dice qué se debe estudiar, de qué forma debemos aprenderlo y cuándo . Con tantos estímulos que reciben nuestros alumnos, ¿cómo podemos motivarlos haciendo que hagan todos los mismo en el mismo momento? Una instrucción personalizada toma como punto de partida al alumno . Si cada uno de nosotros aprende a su propio ritmo, tiene preferencias sobre cómo aprender y disfruta de diferentes maneras, es lógico pensar que aprenderíamos más de una manera personalizada, que como si fuéramos parte de una línea de producción . Hace muchos años, en el modelo tradicional de educación, todo se hacía de manera estandarizada. Todos hacían lo mismo y al mismo tiempo. Pero hoy por hoy, tener a todos tus alumnos haciendo lo mismo al mismo tiempo ya no generará ningún valor agregado. Debemos permitirles a los alumnos manejar su propia autonomía. Esto significa centrar la atención en ellos, permitirles explorar y aprender de acuerdo con sus propios estilos y fomentar su propia responsabilidad a través de estrategias de resolución de problemas, el pensamiento de diseño, la gamificación, el trabajo en equipo, trabajar de manera interdisciplinaria (no en comportamientos estancos) la co-enseñanza y otras prácticas que los involucren cognitiva y emocionalmente.

La evaluación

Otra de las cuestiones que enfatizó esta crisis, es la diferencia entre evaluar, acreditar y calificar. Evaluar es una condición necesaria para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Se trata de un proceso continuo que le permite al docente tomar decisiones sobre la base del rendimiento de los alumnos. Esto hace que el docente pueda mejorar, optimizar o refinar sus prácticas mientras que los alumnos pueden expandir su desempeño. Es decir, debemos evaluar SIEMPRE, lo que no implica necesariamente calificar, que es lo que pidió el Ministerio que no se hiciera en este período.
Tristemente, nuestro sistema enfatiza las calificaciones por sobre el aprender, lo que genera que muchos alumnos se copien. Pareciera que objetivo de la escuela es aprobar. ¿Es ése, realmente el objetivo de la escuela? Si estudian para aprobar y enseñamos para que aprueben, ¿dónde quedó el aprender?

Desafío: Tal vez uno de los desafíos más interesantes va a ser poder poner el foco en aprender para que aprobar sea una consecuencia de aprender. Debemos volver a la “aventura del saber”, en donde los alumnos puedan despertar su curiosidad, y que esta suscite sus ganas de saber. El desafío de este siglo, es el de ayudar a los alumnos a pensar de maneras diferentes, a desafiar nuevas inteligencias. Esto se logra poniendo el foco en un contenido interesante, generando la posibilidad de que los alumnos desarrollen su autonomía, el poder de la elección, y por sobre todas las cosas, que tengamos sillas para pensar…no para sentarse.

No siempre al alumno “le va mal” porque no estudia. Le puede ir mal por los propios procedimientos de enseñanza y evaluación.  De tantas “malas notas” terminan pensando que no sirven: baja su motivación, se frustran, se rinden y abandonan el barco.

Cuando les enseñamos a nuestros alumnos a ver sus errores de manera racional y no emocional, les estamos dando una lección mucho más importante que el tema en cuestión. Les enseñamos a manejar la frustración y el aprender de los errores, que son sin duda, habilidades esenciales para la vida. Cuando logramos que nuestros alumnos cambien su mirada frente a la evaluación y puedan capitalizar sus errores, los estamos ayudando a tener una mejor vida adulta. Pero para eso, debemos comenzar nosotros, los adultos, por entender cuál es el verdadero sentido de la evaluación.

El vínculo y la necesidad de  aulas “sanas”

Lo que más  padecieron los alumnos y sus docentes es la complicidad que da la presencia. Desde ese abrazo del maestro que “resetea” al alumno antes de entrar al aula, a la mirada de aprobación o una palmadita en el hombro. La falta de contacto personal fue, sin duda alguna, lo que más se resintió en estos últimos meses. Somos una comunidad, y como tal, nos necesitamos los unos de los otros para aprender. Pero debemos hacerlo en aulas en donde d eunprofundo deseo de estar. Muchos alumnos encontraron el quedarse en casa la excusa perfecta  para no tener que soportar situaciones traumáticas como el bullying o acoso escolar. Algunos alumnos hasta preferían tener apagadas sus cámaras por miedo a la exposición.

Desafío: Educar es sostener vínculos. El docente es custodio de la autoestima de sus alumnos y debe asegurarse que ningún alumno interfiera en el aprendizaje de otro .  Es importante comprender que un aula sana, emocionalmente armónica, es el escenario ideal para generar el aprendizaje . Sin respeto, ningún alumno se sentirá lo suficientemente libre de participar activamente en las vivencias áulicas ni de desplegar todo su potencial creativo.

Los directivos

Como en todos los frentes, nos encontramos con directivos que pudieron dar una respuesta inmediata y constituyeron equipos, más allá del aislamiento. Otros no pudieron. O no supieron.  Durante años se ha debatido constantemente las definiciones de gestión y liderazgo, y creo que ahora más que nunca el consenso es que se necesitan más líderes que jefes. El líder es quien crea una visión y el jefe quien la implementa. Los diccionarios definen a un líder como una persona que, mediante la fuerza del ejemplo, del talento o de las cualidades individuales tiene un rol de dirección, maneja una influencia considerable o tiene seguidores en cualquier esfera de actividad o pensamiento. Esta explicación proporciona un buen punto de partida para explorar las diferencias entre los jefes y los líderes. Es interesante notar que a los líderes se los define por sus habilidades, cualidades y comportamiento. La gente sigue a los líderes porque parecen saber dónde están yendo, y en este naufragio, saber dónde ir, no es poco.
Los líderes ven más allá de lo previsible y pueden sugerir cambios o estrategias revolucionarias. Y no solo esto, logran transformar el miedo a lo desconocido en sus docentes, en oportunidad. Le dan la bienvenida al cambio y parecieran energizarse en él.
En este escenario vimos muchos docentes tomando el mando, empoderando a sus equipos, acompañando, y construyendo una epopeya colectiva. Otros, desbordados, perdieron el rumbo, y la oportunidad.

Desafío:

Muchas veces los directivos sobredimensionan su sueño y subestima su equipo. Sin embargo, un gran sueño con un mal equipo puede resultar una pesadilla. Como directivos, qué mejor oportunidad para conectar con nuestros docentes, acompañarlos en este territorio desconocido para muchos, capacitarlos y por sobre todas las cosas, ¡alentarlos! Hoy el directivo se convierte en porrista. Aquí y ahora vamos a poder distinguir a los jefes de los líderes.  Es el momento de construir equipos y generar una gesta que posicione el proceso de enseñanza-aprendizaje en el corazón de la escuela.

Las familias

No todos los chicos necesitaron el apoyo de los adultos de igual manera. Los más grandes, ya acostumbrados a auto-gestionar sus propios aprendizajes, pudieron avanzar a su ritmo. Los más chicos necesitaron, y siguen necesitando, la ayuda de los adultos para administrar el contenido que se envía desde las escuelas. La gran oportunidad que nos plantea esta pandemia es la de desarrollar hábitos de estudio y habilidades socio-emocionales que les serán a los chicos de utilidad para toda su vida.
Las familias pasaron adelante al centro de la escena en este nuevo escenario. De actores de reparto, pasaron a ser actores principales. Aprendimos que no podíamos -ni debíamos- reemplazar a los docentes, pero sí acompañarlos.  Algunos padres aprovecharon esta nueva situación de estar en casa y ver cómo sus hijos aprendían, qué los motivaba, qué los frustraban y cómo aprendían. Muchos comprendieron rápidamente que esta pandemia nos ofrecía oportunidades únicas como desarrollar en los chicos habilidades tan importantes como el auto-gestionar sus propios aprendizajes, desarrollar la auto-disciplina, el poder planificar, priorizar o pedir ayuda.

Desafío: Acxompañar a nuestros hijos en sus trayectorias académicas nos permite ayudarlos a desarrollar hábitos de estudio de una manera más personalizada, a la vez de estar al tanto de quñe necesitan para avanzar. Sin embargo, cuando el adulto se preocupa excesivamente por su hijo, le hace los deberes o las actividades, le saca la posibilidad de desarrollar herramientas esenciales para poder hacerle frente a la realidad que le toque en un futuro.

Cuando sobreprotegemos a nuestros hijos, aunque sea con la mejore de las intenciones, creyendo que ellos no pueden por ellos mismos, los despojamos del poder de decidir, de utilizar su razonamiento, de poder tomar decisiones. En vez de ayudarlos a crecer, los hacemos chiquitos, y los niños terminan con más inseguridades, miedos, angustias e incapaces de avanzar por sí solos. Además, les cuesta asumir la frustración o reconocer sus errores.

Y no solo eso, el padre también termina agotado. No solo vive su vida, sino la vida de su hijo. Debemos brindarles a nuestros hijos las herramientas socio-emocionales que los ayudarán en su vida adulta: la resiliencia, la flexibilidad, el poder adaptarse, entre otras. Aprendamos a no estar pendientes de ellos en exceso, a dejarlos explorar y a equivocarse. Resolverles la vida no es ayudarlos, es incapacitarlos. Es no permitirles convertirse en ellos mismos.

Conclusiones finales

¿Qué pasará el día después? Volverán los docents a retomar desde donde dejaron o volveremos a una escuela nueva en donde se ponga al alumno en el centro de la escena? 

Para transformar la educación necesitamos de un compromiso alto para generar y sostener cambios a lo largo del tiempo .  Mejorar la calidad de la educación requiere, ante todo, de una voluntad muy firme de mejorar . De trabajar de manera articulada entre todos los actores de la educación, y fijar metas a corto, mediano y largo plazo.

La gran pregunta es, ¿habremos aprendido lo suficiente para comenzar la gran transformación de la educación?

Laura Lewin es autora, capacitadora y oradora TEDx.

Es capacitadora internacional de Cambridge University Press, y ha escrito numerosos libros de educación, entre los cuales podemos destacar Que enseñes no significa que aprendan, (editorial Bonum), Mejores Directivos, Mejores Instituciones Educativas (Bonum), y El Aula Afectiva (Santillana), entre otros. Su más reciente libro, La Nueva Educación- de la Escuela del Saber  a la Escuela del Ser, (Santillana) estará disponible en el mes de septiembre.

 Facebook: LauraLewinOnline

Instagram: LewinOnline

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