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    Las increíbles revelaciones del detective que espiaba a Maradona en Sevilla: “Era un desastre”

    En septiembre de 1992, Diego Armando Maradona desembarcó en Sevilla con la ilusión de comenzar un nuevo capítulo en su romance con el fútbol. En el currículum del Diez ya se destacaba la obtención del Mundial de México 1986 con la Selección Argentina, pero las siguientes etapas de su carrera, y también de su vida personal, no habían sido prósperas: venía de marcharse de Napoli, donde había grabado su huella para la eternidad, y de ser sancionado por dar positivo de cocaína en un control antidoping. En consecuencia, la institución española decidió contratar a un espía para mantenerse al tanto de los movimientos de su nueva figura.

    Solo unas semanas después del fallecimiento del astro futbolístico, el encargado de vigilarlo durante su etapa en la entidad de Andalucía brindó detalles sobre la tarea que llevó a cabo, cuando solo tenía 25 años. Charlie M. (su apellido no fue revelado por motivos de confidencialidad), quien reconoció ser simpatizante de Betis (clásico rival de Sevilla) y que se formó como auxiliar del primer detective que tuvo el club, utilizó una Kawasaki Zephyr 750 para convertirse en la sombra de uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos en un contexto especial de su trayectoria profesional.

    Luego de cumplir una sanción por haber dado positivo de cocaína en un control antidopaje, Diego Armando Maradona desembarcó en Sevilla a finales de 1992.

    Charlie, quien trabajaba junto a un hombre más experimentado, el Perfecto C, un amigo suyo que también tenía moto y una cuarta persona, seguía al surgido en la cantera de Argentinos Juniors desde que abandonaba el Ramón Sánchez Pizjuán, el estadio del elenco de Nervión. “Se abría la puerta y salía levantando el polvo como los Miura y nosotros arrancábamos la moto. Date cuenta de que la circunvalación que habían hecho para la Expo no tenía todavía semáforos. El notas se ponía a 190 Km/h, como una cabra”, explicó en una entrevista con el sitio web español Voz Pópuli.

    En consonancia, se refirió a los sucesos habituales en la rutina de Pelusa: “Su casa no tenía salida, eso era lo bueno que tenía. Era un chalet y solo tenía una salida. Entonces pusimos un coche ahí y nos íbamos turnando. Esa casa era como El Corte Inglés. Contamos 18 o 20 italianos, argentinos entrando y saliendo. El informe era que el notas no iba a entrenar. Se metía allí a las seis de la mañana”. Además de Maradona, en el domicilio se hospedaban Claudia Villafañe, quien por entonces era su esposa, y sus dos hijas Dalma y Gianinna, quienes tenían cinco y tres años, respectivamente.

    Carlos Salvador Bilardo, por entonces entrenador del elenco español, había sido uno de los encargados de propiciar el arribo del Diez al conjunto de Andalucía.

    “Yo llevo 30 años en la calle y sé qué gente era. Aquello era un desastre. Cuando el tío se fue a las malas, le dijeron: ‘Mira, tenemos esto, esto y esto. Tú no has ido a entrenar por esto, por esto y por esto’. Se ahorraron 150 millones de pesetas porque los perdonó”, destacó el investigador, quien reconoció que no conserva ninguna fotografía o video de las vigilancias que desarrolló. Y agregó: “Aquellos seguimientos sirvieron para demostrar que era una vida no propia de un deportista. Creo recordar que cobraba alrededor de 300 millones de las antiguas pesetas y que se ahorraría algo menos de un tercio”.

    Además, Charlie explicó que infiltraron a un grupo de mujeres dentro del clan de Maradona para obtener más información. “Eran groupies de futbolistas. Eran como modelos y con eso les pusimos la trampa. Metimos mano ahí. Este era muy buena gente, pero era muy golfo. Eran las cinco de la mañana y a las diez tenía que estar en la ciudad deportiva entrenando. Le cantaban una canción que decía: ‘Me casé con un enano salerito pa jartarme de reir’. Se lo cantaba una tía de dos metros, buenísima, y el otro que no le llegaba ni al ombligo”, relató.

    Maradona, que había debutado en Sevilla en octubre de 1992 en un partido contra Athletic Bilbao, comenzó a experimentar conflictos con los directivos de la institución a inicios de 1993 cuando disputó un partido con la Selección sin la autorización del club. El quiebre de la relación se produjo cuando tuvo una discusión con el entrenador del equipo, Carlos Salvador Bilardo, quien había sido uno de los encargados de propiciar su arribo, en un compromiso frente a Burgos por la 37° fecha de La Liga, donde fue reemplazado a los ocho minutos del complemento tras haberse infiltrado en el entretiempo para continuar jugando.

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