19.2 C
Argentina
sábado, 4 diciembre,2021
Dólar: BNA: $100,25/ $106,25 Blue: $196,50 / $200,50
Riesgo País: 1905 puntos básicos
Recibí nuestros newsletters


    Argentina
    Confirmados
    195.690.332
    Recuperados
    127.848.968
    Muertes
    4.173.223
    Confirmados
    5.289.945
    Recuperados
    5.156.473
    Muertes
    115.989
    +663
    Todos los países
    Confirmados
    195.690.332
    Recuperados
    127.848.968
    Muertes
    4.173.223
    Confirmados
    5.289.945
    Recuperados
    5.156.473
    Muertes
    115.989
    +663
    Dengue
    96.454
    11.855
    Inicio SOCIEDAD "Le grité, le pedí llorando que parara": habla la joven que denunció...

    “Le grité, le pedí llorando que parara”: habla la joven que denunció a un periodista por violación y logró llevarlo a juicio

    Sofía Otero denunció al periodista y bloguero Lucas Carrasco, conocido por haber participado en el programa 6,7,8, por “abuso sexual agravado por acceso carnal”. A la suya se sumó la denuncia de otra joven. Mañana arranca el juicio oral.

    Las películas instalaron en el imaginario que las violaciones suceden de una sola manera posible: un desconocido que ataca en la calle y de noche, apunta con un arma, viola en un descampado y deja a la víctima tirada, semidesnuda. Sin embargo, los relatos de las mujeres que empezaron a detectar abusos en el marco de relaciones sexuales consentidas y se están animando a denunciar, muestran que el cuento del lobo feroz solo muestra una cara de la violencia sexual.

    Sofía Otero tiene 27 años, estudia Derecho en la UBA y llega a Infobae acompañada por un amigo. Es la primera vez que va a sentarse frente a una cámara a contar su historia con nombre y apellido, pocas horas antes de que comience el juicio oral contra el periodista Lucas Carrasco -conocido por haber participado en el programa 6,7,8– acusado por ella y por otra joven de “abuso sexual agravado por acceso carnal“.

    Dice que ese mediodía de febrero de 2013, cuando logró salir del departamento de Carrasco, se sintió “aturdida” y “abombada” y que pensó que lo mejor que podía pasarle era “olvidar“.

    En ese entonces, también ella “creía que una violación era otra cosa” hasta que en junio de 2016, cuando se animó a ir a la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), le dijeron con claridad: “Esperá, esto que te pasó también es violación“, cuenta.

    Según su relato, ese mediodía fueron primero a un bar, tomaron algo y después fueron al departamento del periodista. “Empezó todo consentido, relaciones sexuales consentidas, a eso había ido”, arranca Sofía. “Estuvo todo bien hasta que, en un momento, quedé boca abajo pegada al colchón, y es el momento en que aprovechó para penetrarme analmente sin mi consentimiento“.

    Se siente fuerte Sofía pero le tiembla la voz cuando cuenta lo que sigue: “Me empecé a mover como pude, a oponer resistencia, y es ahí cuando me agarra de la nuca, para que siguiera pegada al colchón. Yo le gritaba, le pedía que por favor parara, lloraba. Era dolor, ardor, era pensar ‘que se termine’, ‘que pase’, ‘que pase rápido’, pero no pasaba. Hasta que en algún momento, a los 5 o 10 minutos, se sale de encima mío, saca todo su peso y toda la fuerza que había puesto, me paro temblorosa y le digo: “‘¿Hasta cuando ibas a seguir? Te dije que no quería‘, mientras me caían las lágrimas. Y él me contestó: ‘Hasta que te acostumbres‘”.

    Dice que agarró su short y su remera y se encerró en el baño. “Me temblaba el cuerpo, estaba desnuda”, cuenta. Dice que quería hacer pis pero sintió miedo de bajarse los pantalones y que él entrara.

    “Mientras estaba en el baño, se me vino a la cabeza mi viejo que siempre me decía ‘pensá hija, pensá‘, y lo que pensé fue ‘¿cómo salgo de acá sin que este tipo me haga nada?’. Pensé que él había puesto llave, que había puesto traba, y dije ‘no, no hay forma de salir y que esto no se ponga violento“.

    Según costa en la denuncia, salió del baño unos 25 minutos después. “Me preguntó si me molestaba que tomara cocaína y le dije que no”, sigue. “Empezó a leerme cosas de su blog, me dijo ‘tengo que seguir escribiendo, así que me tenés que hacer sexo oral‘”.

    Dice Sofía que se agachó abajo del escritorio y lo hizo, “mientras pensaba ‘seguile la corriente’, hacé lo que te pida así podés salir de una pieza, entera'”. Que como él había tomado cocaína no lograba una erección y que, cuando ella le dijo que ya no podía seguir, “me puso cocaína en la boca”. Dice que todo el tiempo sintió “miedo, el pensamiento era ‘este tipo me va a matar'”.

    Que su cabeza “empezó a funcionar de otra forma” después, recién cuando sonó el timbre y entendió que había llegado la hermana del periodista. “Fue ‘ya hay alguien más en el departamento’, ‘ya no va a pasar nada peor de lo que pasó’“. Siempre según su relato, cuando ella le dijo a Carrasco que tenía que irse, “empezó: ‘No sé quién te va a abrir la puerta’, ‘yo no encuentro la llave’. Y era insistirle una y otra vez para que me dejara salir’“.

    Otra vez Sofía pensó en su papá, que terminó siendo clave también en “el después”. Primero porque le creyó y no la culpó; después porque,como es abogado penalista, la acompañó durante todo el proceso.

    “Se me volvió a venir mi viejo a la cabeza, ‘pensá, pensá, que el miedo no te gane, pensá‘. Y ahí empecé a tratar de convencerlo. Cada vez que le decía que tenía que irme, él se volvía a bajar el cierre del pantalón, como para que yo le volviera a hacer sexo oral. Después me puteaba: ‘Las militantes son todas putas’, ‘histéricas’ (ella militaba en La Cámpora). Yo no emitía sonido, no quería hacer nada que lo enojara“. Dice que lo convenció de que tenía que irse pero que iba a volver, “y ahí fue cuando accede a dejarme ir”.

    “Yo aprendí que los abusadores tienen 10 dedos como nosotras, dos ojos, una boca, una nariz. No son monstruos, funcionan perfectamente en sociedad“, concluye Sofía. “Lo que espero de la Justicia es una condena, pero de todo esto espero algo más: que sean cada vez más las mujeres que se animen a hablar”.

    " "
    " "