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    Inicio EXCLUSIVO #LocuraBilardista

    #LocuraBilardista

    El destino es impredecible. Los deseos, augurios y temores se encuentran sujetos a una fuerza mayor que estableció un guion con antelación. En consecuencia, los anhelos de los seres humanos pueden materializarse en un giro inesperado de la vida y en los momentos más peculiares. Sebastián Festa podría testificar a favor de una teoría que conserva la vigencia ante el inexorable paso del tiempo.

    Paco, como fue rebautizado por los fanáticos del deporte, se convirtió en el exponente primario del básquet de Boca de todos los tiempos. Sin embargo, aunque es uno de los máximos ídolos de la institución en el deporte que practicó, guardaba un sueño que alimentaba mientras deslumbraba al público con sus fintas y una actitud que le permitió adquirir el cariño de los simpatizantes.

    Quería ser el primer deportista en la historia argentina en jugar en dos disciplinas diferentes a nivel profesional”, reconoció en una entrevista con Mundo Poder. Lo que nunca se imaginó es que la oportunidad de cumplir su meta se iba a presentar en uno de los períodos más destacados de su carrera y con la intervención de un personaje que no requiere presentación: Carlos Salvador Bilardo.

    El entrenador que comandó a la Selección Argentina al título en el Mundial de México 1986 se hallaba en la búsqueda de soluciones para revertir el presente adverso que atravesaba el Xeneize en el segundo semestre de 1996. En otro sector, el club gozaba de una destacada campaña con el equipo de básquet que dirigía Julio Lamas y empezaba a vislumbrar en el horizonte la conquista de su primera Liga Nacional.

    En este escenario, los técnicos establecieron un acuerdo y el jugador recibió la noticia: debía entrenarse con el plantel de fútbol, que contaba con estrellas como Sergio Martínez, Blas Giunta, Diego Cagna, Diego Latorre, un juvenil Juan Román Riquelme. Además, se destacaban las presencias de Diego Armando Maradona y Claudio Paul Caniggia, quienes no formaron parte de aquella práctica.

    El Diario Olé reflejó en una edición de 1996 la incursión de Paco en el fútbol.

    La jornada deparó una sorpresa para propios y extraños. Festa, consciente de que el tren no se detendría en su estación en dos ocasiones, apretó los dientes y fue una de las figuras del día al haber convertido dos goles. La cereza del postre fue la acción en la que se enfrentó y venció en una acción dividida a Giunta, a quien observaba los fines de semanas desde las tribunas de La Bombonera. Sin embargo, la salida del Doctor del banco del elenco de La Ribera y sus compromisos en el básquet le impidieron alcanzar su objetivo.

    Mientras cumple con el período de aislamiento social preventivo y obligatorio en Pilar, y sin descartar volver a dirigir en el ámbito juvenil el próximo año, Paco recordó los detalles del día que pudo haberse transformado en futbolista profesional, reveló el diálogo que mantuvo con Bilardo, destacó las experiencias que adquirió tras haber sido entrenado por los entrenadores más importantes del básquet argentino y explicó las cualidades que le permitían a Emanuel Ginóbili sobresalir en sus inicios, donde tuvo que enfrentarlo.

    -¿Cómo se produjo tu llegada a un entrenamiento de fútbol en el Boca de Carlos Bilardo?

    Eso solo puede pasar en Boca porque, sin importar el deporte que juegues, te van a comparar con un jugador del equipo de fútbol. El público que me veía jugar decía que mi estilo era como el de Giunta. Yo explicaba que jugaba al básquet de la misma manera que al fútbol y me describía como un 5 con llegada. Fue una experiencia increíble.

    -¿Qué pensaste cuándo te confirmaron que ibas a entrenar en el mismo plantel que Maradona?

    Un miércoles, terminamos de entrenar y Lamas dijo que al otro día viajábamos a las 3 de la tarde a Comodoro Rivadavia. Al terminar la charla, me pidió que me quedara para hablar a solas y me comunicó que tenía que estar a las 10 de la mañana en la Ciudad Atómica con un par de botines para entrenar con la Primera de Boca. Pensé que me estaba cargando. Yo hablaba mucho con el tesorero porque sabía que había vivido en Nueva York y en las universidades de Estados Unidos es común que las personas realicen más de un deporte. Entonces, le decía que quería ser el primer deportista en la historia argentina en jugar en dos disciplinas diferentes a nivel profesional.

    El ex basquetbolista recordó su enfrentamiento con Emanuel Ginóbili en los inicios del bahiense.

    -¿Cuál fue la repercusión mediática de aquel suceso?

    Me pidieron que fuera al entrenamiento sin contarle a nadie. En el entrenamiento hice dos goles y ganamos 4-3. Después me fui a duchar y tomé al avión con el equipo de básquet. Al día siguiente, salí en el Diario Olé y mis compañeros no podían creerlo. Tenía 27 años y me sentía en condiciones de jugar al fútbol. Me moría de ganas. Si me volvía loco jugando con 3.000 hinchas en La Bombonerita, imaginate con 40.000.

    ¿Cómo fue el desarrollo del entrenamiento?

    Se me acerca Nery Pumpido y me preguntó de qué jugaba. Le dije que de 5 con llegada y me entregó una pechera. En el mediocampo del otro equipo, estaban Pepe Basualdo, que me daba indicaciones, y Giunta. Era una locura porque yo estaba acostumbrado a jugar al fútbol con mis amigos en Agronomía. El primer gol fue desde un córner, donde le pegué y tras el rebote pude convertir el 2-1. Luego, (Silvio) Carrario condujo un contragolpe, nos fuimos dos contra uno frente al arquero, me dio el pase y metí el 4-3.

    -¿Tuviste la oportunidad de dialogar con Bilardo?

    Después del entrenamiento, se me acercó en la mitad de la cancha y nos quedamos charlando. Era mi momento de convencerlo. Le dije que como era del básquet necesitaba tiempo para adaptarme a las dimensiones del campo porque mi cancha era similar a la del papi fútbol. En dos meses podía mejorar en ese aspecto. Me dijo que notaba que manejaba muy bien el cuerpo. Seguro lo dijo porque en una jugada lo crucé a Giunta, me puse fuerte y lo hice volar tres metros por el aire.

    -¿Crees que hubieses estado en condiciones de afrontar el desafío en el fútbol?

    Me hubiera encantado tener una chance. No tengo dudas de que si hubiera elegido jugar al fútbol en lugar de al básquet hubiese logrado ser profesional. Cuando era chico muchos equipos quisieron llevarme a jugar al fútbol, pero opté por el básquet porque mi papa y mi tío se dedicaban a ese deporte. Igualmente, los dos deportes me apasionaban.

    -Tuviste la oportunidad de enfrentarte con Manu Ginóbili en sus inicios. En aquella época, ¿ya lograba marcar una diferencia con sus rivales?

    Se notaba que era un jugador con la actitud necesaria para el básquet, pero no me imaginaba que iba a terminar siendo un integrante del Salón de la Fama de la NBA. Es de otro planeta. Me sigue sorprendiendo por la humildad que expresa cuando habla.

    El ex deportista marcó dos goles en la práctica de fútbol del Xeneize, que era dirigido por el Doctor.

    -¿Cuál fue la clave del plantel de Boca que se proclamó campeón de la Liga Nacional en la temporada 1996/97?

    Lo más importante que tenía el equipo era el componente humano. No éramos candidatos a ser campeones, estábamos para finalizar en la mitad de la tabla. Pero empezamos a adquirir química y teníamos a un entrenador como Julio Lamas, que no era el técnico que es hoy, pero se veía que era un tipo diferente. En lugar de imponer órdenes, Lamas decidió que Jerome Mincy liderara el vestuario y nos alineamos detrás de él. Había un nivel muy parejo en el plantel y el cuerpo técnico era de una jerarquía alta. No había egoísmos y todos buscaban lo mejor para el grupo.

    -Teniendo en cuenta que fue el primer título de Boca en la Liga Nacional, ¿qué relevancia tuvo esa conquista en tu carrera?

    Fue lo más importante para mí porque me puso al nivel de campeón. Estaba en el mejor equipo del país. Con anterioridad, habíamos mostrado que Boca quería estar a esa altura. En la pretemporada, nos mandaron a España, luego a Los Pirineos y después a Portugal. Jugamos contra equipos muy fuertes, como Paris Saint Germain, que tenían jugadores con experiencia en la NBA. Eso nos hizo pensar que la franquicia estaba apostando muy fuerte.

    -¿Qué implica ser campeón en un club como Boca?

    Es diferente a todo porque tiene una trascendencia única. Al otro día de ganar el título salís en la tapa de Clarín, ningún otro equipo genera eso. La dimensión es mayor. Además, por entonces, Boca no atravesaba un buen período en el fútbol y el básquet se había convertido en un atractivo. La Bombonerita siempre estaba llena con hinchas de básquet y fútbol. Estábamos representando al club más importante de Argentina y América.

    -¿El plantel percibía que los dirigentes pretendían desarrollar un proyecto de relevancia?

    En aquella época, Osvaldo Salvestrini, quien era el tesorero de Boca y una persona con mucho peso en la institución, puso el ojo en el básquet y sentíamos que contábamos con el respaldo de un dirigente importante del club. Boca, en el fútbol, no se encontraba en un buen momento porque no obtenía los resultados esperados, pero en el plantel, por ejemplo, estaban Maradona, Caniggia, (Sebastián) Rambert, (José) Basualdo y Giunta. Es decir, que el interés de los dirigentes por el fútbol no se había modificado.

    -¿Qué pensabas en los últimos segundos de la final contra Independiente de General Pico mientras el público estaba en el límite de la cancha?

    Fue una locura. Nosotros quedamos con la localía para el último partido de la final porque Independiente le ganó a Atenas en la última bola de la ronda anterior. Posiblemente, Atenas nos ganaba en un playoff, pero nosotros podíamos derrotar a Independiente. Sabíamos que era nuestra oportunidad porque jugábamos en La Bombonerita y con nuestra gente. En el último tramo del partido comenzamos a sentir que éramos campeones y fue un delirio. Ese título nos permitió quedar en la historia del club. Fuimos guerreros de la institución.

    Festa destacó las cualidades de Julio Lamas, entrenador de Boca en la obtención de la Liga Nacional 1996/97.

    -¿Qué virtudes que Julio Lamas posee en la actualidad observaste  que tenía cuando te dirigió?

    Boca es un trampolín para jugadores y técnicos. Lamas salió campeón en Boca y luego fue a la Selección Argentina. La principal fortaleza que tuvo fue que logró armar un equipo donde las personalidades de los jugadores eran compatibles. Enseñaba mucho, era seguro, inteligente y transmitía conocimientos. Eso le permitió obtener la confianza y el respeto de los jugadores.

    -Te dirigieron entrenadores históricos como Sergio Hernández, Lamas, León Najnudel, Rubén Magnano y Néstor García. ¿Cuál dejó una huella más grande en tu carrera?

    Tuve la suerte de ser entrenado por la mayoría de los técnicos top de Argentina. Con el diario del lunes, diría que el mejor fue Hernández por los títulos que consiguió, pero no podría quedarme con uno porque con todos experimenté un aprendizaje. Son entrenadores que desde muy jóvenes contaban con experiencia como técnicos. El hecho de haber comenzado sus carreras a una temprana edad les ayudó mucho. No es lo mismo empezar a tocar la guitarra a los ochos años que a los 30. Son coaches de pura sangre.

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    Quería ser el primer deportista en la historia argentina en jugar en dos disciplinas diferentes a nivel profesional”, reconoció en una entrevista con Mundo Poder. Lo que nunca se imaginó es que la oportunidad de cumplir su meta se iba a presentar en uno de los períodos más destacados de su carrera y con la intervención de un personaje que no requiere presentación: Carlos Salvador Bilardo.

    El entrenador que comandó a la Selección Argentina al título en el Mundial de México 1986 se hallaba en la búsqueda de soluciones para revertir el presente adverso que atravesaba el Xeneize en el segundo semestre de 1996. En otro sector, el club gozaba de una destacada campaña con el equipo de básquet que dirigía Julio Lamas y empezaba a vislumbrar en el horizonte la conquista de su primera Liga Nacional.

    En este escenario, los técnicos establecieron un acuerdo y el jugador recibió la noticia: debía entrenarse con el plantel de fútbol, que contaba con estrellas como Sergio Martínez, Blas Giunta, Diego Cagna, Diego Latorre, un juvenil Juan Román Riquelme. Además, se destacaban las presencias de Diego Armando Maradona y Claudio Paul Caniggia, quienes no formaron parte de aquella práctica.

    El Diario Olé reflejó en una edición de 1996 la incursión de Paco en el fútbol.

    La jornada deparó una sorpresa para propios y extraños. Festa, consciente de que el tren no se detendría en su estación en dos ocasiones, apretó los dientes y fue una de las figuras del día al haber convertido dos goles. La cereza del postre fue la acción en la que se enfrentó y venció en una acción dividida a Giunta, a quien observaba los fines de semanas desde las tribunas de La Bombonera. Sin embargo, la salida del Doctor del banco del elenco de La Ribera y sus compromisos en el básquet le impidieron alcanzar su objetivo.

    Mientras cumple con el período de aislamiento social preventivo y obligatorio en Pilar, y sin descartar volver a dirigir en el ámbito juvenil el próximo año, Paco recordó los detalles del día que pudo haberse transformado en futbolista profesional, reveló el diálogo que mantuvo con Bilardo, destacó las experiencias que adquirió tras haber sido entrenado por los entrenadores más importantes del básquet argentino y explicó las cualidades que le permitían a Emanuel Ginóbili sobresalir en sus inicios, donde tuvo que enfrentarlo.

    -¿Cómo se produjo tu llegada a un entrenamiento de fútbol en el Boca de Carlos Bilardo?

    Eso solo puede pasar en Boca porque, sin importar el deporte que juegues, te van a comparar con un jugador del equipo de fútbol. El público que me veía jugar decía que mi estilo era como el de Giunta. Yo explicaba que jugaba al básquet de la misma manera que al fútbol y me describía como un 5 con llegada. Fue una experiencia increíble.

    -¿Qué pensaste cuándo te confirmaron que ibas a entrenar en el mismo plantel que Maradona?

    Un miércoles, terminamos de entrenar y Lamas dijo que al otro día viajábamos a las 3 de la tarde a Comodoro Rivadavia. Al terminar la charla, me pidió que me quedara para hablar a solas y me comunicó que tenía que estar a las 10 de la mañana en la Ciudad Atómica con un par de botines para entrenar con la Primera de Boca. Pensé que me estaba cargando. Yo hablaba mucho con el tesorero porque sabía que había vivido en Nueva York y en las universidades de Estados Unidos es común que las personas realicen más de un deporte. Entonces, le decía que quería ser el primer deportista en la historia argentina en jugar en dos disciplinas diferentes a nivel profesional.

    El ex basquetbolista recordó su enfrentamiento con Emanuel Ginóbili en los inicios del bahiense.

    -¿Cuál fue la repercusión mediática de aquel suceso?

    Me pidieron que fuera al entrenamiento sin contarle a nadie. En el entrenamiento hice dos goles y ganamos 4-3. Después me fui a duchar y tomé al avión con el equipo de básquet. Al día siguiente, salí en el Diario Olé y mis compañeros no podían creerlo. Tenía 27 años y me sentía en condiciones de jugar al fútbol. Me moría de ganas. Si me volvía loco jugando con 3.000 hinchas en La Bombonerita, imaginate con 40.000.

    ¿Cómo fue el desarrollo del entrenamiento?

    Se me acerca Nery Pumpido y me preguntó de qué jugaba. Le dije que de 5 con llegada y me entregó una pechera. En el mediocampo del otro equipo, estaban Pepe Basualdo, que me daba indicaciones, y Giunta. Era una locura porque yo estaba acostumbrado a jugar al fútbol con mis amigos en Agronomía. El primer gol fue desde un córner, donde le pegué y tras el rebote pude convertir el 2-1. Luego, (Silvio) Carrario condujo un contragolpe, nos fuimos dos contra uno frente al arquero, me dio el pase y metí el 4-3.

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    -¿Crees que hubieses estado en condiciones de afrontar el desafío en el fútbol?

    Me hubiera encantado tener una chance. No tengo dudas de que si hubiera elegido jugar al fútbol en lugar de al básquet hubiese logrado ser profesional. Cuando era chico muchos equipos quisieron llevarme a jugar al fútbol, pero opté por el básquet porque mi papa y mi tío se dedicaban a ese deporte. Igualmente, los dos deportes me apasionaban.

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    Se notaba que era un jugador con la actitud necesaria para el básquet, pero no me imaginaba que iba a terminar siendo un integrante del Salón de la Fama de la NBA. Es de otro planeta. Me sigue sorprendiendo por la humildad que expresa cuando habla.

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    -¿Cuál fue la clave del plantel de Boca que se proclamó campeón de la Liga Nacional en la temporada 1996/97?

    Lo más importante que tenía el equipo era el componente humano. No éramos candidatos a ser campeones, estábamos para finalizar en la mitad de la tabla. Pero empezamos a adquirir química y teníamos a un entrenador como Julio Lamas, que no era el técnico que es hoy, pero se veía que era un tipo diferente. En lugar de imponer órdenes, Lamas decidió que Jerome Mincy liderara el vestuario y nos alineamos detrás de él. Había un nivel muy parejo en el plantel y el cuerpo técnico era de una jerarquía alta. No había egoísmos y todos buscaban lo mejor para el grupo.

    -Teniendo en cuenta que fue el primer título de Boca en la Liga Nacional, ¿qué relevancia tuvo esa conquista en tu carrera?

    Fue lo más importante para mí porque me puso al nivel de campeón. Estaba en el mejor equipo del país. Con anterioridad, habíamos mostrado que Boca quería estar a esa altura. En la pretemporada, nos mandaron a España, luego a Los Pirineos y después a Portugal. Jugamos contra equipos muy fuertes, como Paris Saint Germain, que tenían jugadores con experiencia en la NBA. Eso nos hizo pensar que la franquicia estaba apostando muy fuerte.

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    Es diferente a todo porque tiene una trascendencia única. Al otro día de ganar el título salís en la tapa de Clarín, ningún otro equipo genera eso. La dimensión es mayor. Además, por entonces, Boca no atravesaba un buen período en el fútbol y el básquet se había convertido en un atractivo. La Bombonerita siempre estaba llena con hinchas de básquet y fútbol. Estábamos representando al club más importante de Argentina y América.

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    -¿Qué pensabas en los últimos segundos de la final contra Independiente de General Pico mientras el público estaba en el límite de la cancha?

    Fue una locura. Nosotros quedamos con la localía para el último partido de la final porque Independiente le ganó a Atenas en la última bola de la ronda anterior. Posiblemente, Atenas nos ganaba en un playoff, pero nosotros podíamos derrotar a Independiente. Sabíamos que era nuestra oportunidad porque jugábamos en La Bombonerita y con nuestra gente. En el último tramo del partido comenzamos a sentir que éramos campeones y fue un delirio. Ese título nos permitió quedar en la historia del club. Fuimos guerreros de la institución.

    Festa destacó las cualidades de Julio Lamas, entrenador de Boca en la obtención de la Liga Nacional 1996/97.

    -¿Qué virtudes que Julio Lamas posee en la actualidad observaste  que tenía cuando te dirigió?

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    -Te dirigieron entrenadores históricos como Sergio Hernández, Lamas, León Najnudel, Rubén Magnano y Néstor García. ¿Cuál dejó una huella más grande en tu carrera?

    Tuve la suerte de ser entrenado por la mayoría de los técnicos top de Argentina. Con el diario del lunes, diría que el mejor fue Hernández por los títulos que consiguió, pero no podría quedarme con uno porque con todos experimenté un aprendizaje. Son entrenadores que desde muy jóvenes contaban con experiencia como técnicos. El hecho de haber comenzado sus carreras a una temprana edad les ayudó mucho. No es lo mismo empezar a tocar la guitarra a los ochos años que a los 30. Son coaches de pura sangre.

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