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    Inicio OPINIÓN Pasó el año y la policía volvió a ganar por afano

    Pasó el año y la policía volvió a ganar por afano

    Por Cristian Doldán

    El 2021 nos deja la certeza de que nada ha cambiado. Es cierto, usted dirá que los niveles de vacunación han aumentado exponencialmente, que las restricciones no fueron un tema preponderante como en el 2020 y que de alguna manera “empezamos a salir” de la pandemia. Pero yo los invito a poner el foco en un problema que se originó en 2020, poner la lupa en aquello que está invisibilizado pero sigue siendo tan grave como hace décadas. La pregunta que podríamos utilizar para adentrarnos en este tema es: ¿Por qué la policía sigue matando a gente a mansalva?.

    El 21 de diciembre Mundo Poder titulaba en una nota “El Estado argentino mata a una persona cada 17 horas”. El dato es concreto, no permite andar con demasiadas vueltas y sirve para graficar la situación actual. La violencia institucional que se denuncia desde el regreso de la democracia sigue siendo un tema sin resolver. Pasan los gobiernos, pero los problemas sistémicos quedan. Este es uno de ellos.

    La policía envalentonada con la doctrina Chocobar parece no tener límites. En reiteradas oportunidades durante el 202 los medios de comunicación informamos sobre casos en los que la efectivos se cobraban vidas inocentes. Muchas de esas muertes se dan de manera un tanto insólitas y hasta absurdas. ¿Quién puede creer que a un policía se le escapa un tiro? O lo que es pero, en el caso de que así sea: ¿En manos de quién está nuestra seguridad y la de nuestras familias?

    Los casos de Luciano Oliveira en Miramar y Lucas González en Capital Federal pusieron en evidencia una vez más que el gatillo fácil es una extensión del Estado argentino. No importa quien gobierne, que ideas pregonen o que posición tengan frente al FMI. Los une un denominador común: la policía mata. La policía de Berni mata, también la de Aníbal Fernández, años atrás lo hacía la policía de Ritondo y también la de Bullrich. Mata la policía de Alberto Fernández y mató la de Mauricio Macri.

    Pero para comprender que este problema que dice presente a lo largo y ancho del país, hay que recordar que la policía de Schiaretti mató a Blas, que la policía de Rodolfo Suárez mató a Facundo o que la policía de Arcioni mató a Tino John. La lista es interminable y lamentablemente no hay justicia para las víctimas y sus familias.

    La Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) presenta desde el año 1996 un reporte con la cantidad de personas que murieron a causa de la violencia institucional. En este último informe se advierte que durante los primeros dos años de la presidencia de Alberto Fernández, las fuerzas de seguridad provocaron la muerte de 954 personas. Por el momento el récord lo ostenta Mauricio Macri, ya que durante su gestión (2015-2019) hubo una muerte cada 18 horas.

    El informe deja en caro que el 68,4 % de las muertes se registraron en lugares de detención. En otras palabras, hay que decir que cárceles federales y provinciales, comisarías y patrulleros, fueron escenarios de ejecución por excelencia. Este Informe de la Situación Represiva Nacional 2021 también mostraba con claridad que los casos de gatillo fácil “pican en punta” a la hora de hablar de la muerte de personas a manos de las fuerzas de seguridad.

    Desde 1983 a la actualidad se contabilizaron más de 8.000 muertes a manos de la las fuerzas de seguridad. Hoy en 2021, esa cifra está lejos de una merma y hace crecer los números con un aporte más que considerable. La primera pregunta que surge de este escenario tan complejo es saber que se ha hecho en casi cuarenta años.

    La respuesta puede tener múltiples aristas, pero vayamos a lo más importante. Se sigue estigmatizando y criminalizando a los jóvenes y adultos que viven en barrios populares. La visera es condenatoria, un pantalón deportivo o camiseta de fútbol es una invitación “free” a ser un blanco fácil de la policía.

    Otra cosa que se sigue haciendo es marginar a la población de los barrios populares. En eso el argentino se saca un 10, es más que un profesional. Como consecuencia se sigue reproduciendo el temor/odio hacia lo diferente, hacia la expresión del no pudiente, hacia lo que no es igual a mi.

    También te puedo decir que se sigue formando a la policía con mucho odio, racismo y xenofobia. Sí, las últimas dos van de yapa. Durante este año se conocieron casos del tipo de formación que reciben los reclutas, aquellos que serán nuestros “protectores” en el futuro. La verdad es que mucho no va a cambiar, ya que por lo que se escucha en sus cánticos tienen ganas de “entrar a las villas” de los “piqueteros” para quemar casas.

    ¿Y nosotros que estamos haciendo? Bueno, podemos decir que avalamos todo esto sin ningún tipo de pudor. Obvio, nos vamos indignar en el primer y segundo día por la muerte de una nueva víctima. Vamos a compartir mensajes en stories de Instagram y vamos a plantar bandera contra el sistema “que nos mata”. Lo curioso es que al tercer día esa fuerza revolucionaria se extingue y la idea de torcer la historia queda trunca.

    El 2021 volvió a demostrar lo poco que no interesa el que está al lado. Será tema de discusión para otro momento quien o qué nos volvió tan insensibles. Lo cierto es que la policía sigue matando y aunque suene un sentido común, nadie hace nada. Seguramente en el 2022 se volverá a incrementar la cantidad de víctimas.

    Seguramente volverá a haber manifestaciones, muchos posteos en Instagram, discusiones banales en TV, peleas absurdas en Twitter y por qué no se puede volver “un lindo tema” para Twitch. Mientras tanto la policía sigue matando, tu policía sigue matando, la policía de todos.

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